En
cuanto al diagnóstico del TLP, parece que la dificultad de la práctica clínica
evidencia una inadecuación del sistema categorial propio del DSM para los
trastornos de personalidad. Las diversas corrientes que atribuyen una
dimensionalidad al TLP y centralidad en cuanto a la comorbilidad con otros
trastornos (que se derivarían de éste) parecen tener su reflejo en la próxima
redefinición de los trastornos del Eje II en el DSM-V. A la espera de su
análisis definitivo, parece existir cierto consenso a la hora de caracterizarlo
como un trastorno del self y de las relaciones interpersonales. Hay que tener
en cuenta además que dada la amplia y variada sintomatología del Trastorno
Límite, tradicionalmente se convirtió en una especie de “cajón de sastre” donde
se diagnosticaba como TLP a muchos pacientes que no correspondían con ningún
otro trastorno de personalidad según los criterios del DSM. Esta variedad
provoca una alta comorbilidad con diversos cuadros patológicos que complica
mucho la labor diagnóstica.
Sin
embargo se puede lograr un acercamiento importante tomando en cuenta las
pruebas y sus recomendaciones, tomando en cuenta las áreas personales,
familiares, sociales, de cultura y creencias y de los contextos en que la
persona interactue además de la historia o antescedentes que refiera en la
anamnesis.
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